MARATON DE MALAGA 2013 : el valor del grupo

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MARATÓN DESDE EL OTRO LADO

             Por: Eugenia Castro Lavilla                                    

                     Hace ya tres años mi padre decidió unirse a un grupo de corredores que se dedicaban a hacer maratones y otro tipo de carreras. Como mucha gente, es algo a lo que no le di mucha importancia y ni siquiera me acuerdo del momento en el que sucedió. De repente me encontré viajando a Berlín, solo porque un grupo llamado “Corredores Oscenses” quería ir allí a participar en una maratón. Como a cualquier hija, me hacía mucha ilusión ver cómo mi padre recorría 42 kilómetros y 195 metros y tenía mucho ánimo, aunque seguía sin saber por qué tanto alboroto por una carrera. Madrugamos mucho y todos se habían ido, así que los familiares teníamos que situarnos en algún sitio estratégico para fotografiarlos y animarlos. Estando con la cámara preparada, comencé a grabar el acontecimiento, y a través del objetivo veía cómo las caras de los participantes se iluminaban a ver a sus conocidos, cómo los niños gritaban al ver a sus padres y madres y la alegría que se palpaba en el ambiente. Desde entonces me gusta formar parte del grupo que va con los corredores, y que nos dedicamos a animar y a ayudar en lo que haga falta, e incluso me he animado a correr alguna pequeña carrera. Somos los familiares o parejas que un día vimos el significado de lo que es ser un maratoniano, y desde entonces sentimos que debemos estar al lado. Así que cuando me enteré que para mí asignatura de fotoperiodismo tenía que hacer un fotoreportaje de tema libre, no dudé en elegir la vida del maratoniano. Cuando se lo conté a mi profesora, no la convencí del todo, y es lo que suele pasar cuando a alguien le cuentas que te gusta ver cómo corren unos cuantos locos. Pero lo que nadie sabe hasta que no lo ven, es lo que se vive estando allí. Los tres meses previos de preparación para una maratón consisten en semanas llenas de entrenamientos, miedo a padecer una lesión, algún madrugón y también almuerzos divertidos. Hay que tener los deberes hechos para alcanzar el objetivo marcado, porque un día menos de entrenamiento puede suponer un segundo de más en la marca final. Y cuando nos embarcamos en el viaje hacia nuestro destino, no se acaba allí la preparación. Hay horas libres, comidas sin dieta establecida y diversión en cada conversación. Todos cuidan de todos y desde el primer momento te tratan con cercanía. Pero también hay una hora de irse a dormir, y ciertas prohibiciones con la diversión. Además de mucha, sobre todo mucha concentración.

El día de la maratón en el desayuno reina el silencio, y se acabaron las bromas y hablar de a cuánto tiempo va a ir cada uno. Preparan con minuciosidad su ropa y los dorsales, se abrochan bien las zapatillas y salen a calentar. Los acompañantes tenemos que ir a la salida y a buscar los kilómetros clave para verlos pasar y captar el momento. El sábado pasado, en la IV Maratón de Málaga tuvimos la suerte de alojarnos en un hotel cercano a la salida, por lo que enseguida llegamos para coger buen sitio desde donde ver a los corredores. Gracias a Paco, pude disponer de un chaleco de prensa, por lo que ambos tuvimos la posibilidad de estar en la zona de los medios de comunicación antes de la salida. Desde esa posición se ve la carrera, pero también el resto de elementos que la hacen posible, como los periodistas que transmiten al resto de la población lo que ha sucedido, los servicios médicos, la organización, y un largo etcétera. Antes del comienzo de la prueba, se ven caras de alegría, de nervios, miradas de concentración, últimos estiramientos… mientras el “speaker” Juan Mari Guajardo, que estuvo toda la carrera retransmitiendo desde la meta, lanza palabras de ánimo a los participantes. Y de repente, los 1942 corredores se ponen en movimiento. Los primeros salen muy rápido, luchando por el podio, y conforme van avanzando el ritmo es más lento y a la vez, más tranquilo. Muestra de ello es que el último corredor pasó por la salida a cinco minutos del primero. Entonces es cuando nos trasladamos hasta el kilómetro 16 para ver el estado físico y mental que llevan. Estamos al final de la calle Larios y a los dos lados del trayecto se empieza a juntar el público: son familiares y amigos dispuestos a animar a cada uno de los participantes. Y aquí es cuando empieza a distinguirse el objetivo de cada uno: los primeros pasan rápido, con la mirada al frente y concentrados; los que llegan detrás también van a buen ritmo, cada uno intentando dar lo mejor de sí mismos, pero no se olvidan de que toda esa gente está allí por ellos y saludan, aplauden, gritan, sonríen e incluso se paran para dar un beso o hacerse una foto. Hay banderas de distintos países hondeando, camisetas personalizadas con mensajes de ánimo y manos doloridas de tanto aplaudir. El ánimo no decae hasta que pasa el último participante que con más o menos estilo pelea por llegar hasta la meta y el público, la mayoría desconocidos para él, vitorea su esfuerzo para que siga adelante. Esta vez no puedo irme más lejos porque los ganadores están a punto de llegar, así que voy hasta la meta a coger buena posición y me encuentro en medio de un grupo de varios fotógrafos y cámaras. Todos parecen saber qué hacer menos yo, así que comienzo a observar. El speaker no para de hablar y consigue que el ánimo no decaiga entre el público; también están en su posición los servicios médicos, la policía, los miembros de seguridad, las azafatas, los voluntarios… Entre tanto caos todo está preparado y organizado para que lo que sucede dentro de la maratón vaya sin contratiempos y que el resto de la ciudad pueda seguir con su vida. Se empiezan a escuchar aplausos, el speaker anuncia que el ganador está llegando, las voluntarias disponen la cinta y Wubishet Girum cruza por la meta a las 2 horas y 16 minutos. Ya solo queda esperar. Cuando ya han llegado los más profesionales, se empieza a ver la realidad de las maratones. Muchos llegan alegres, celebrándolo con un grito y gestos de alegría. Otros llegan con sus hijos de la mano y sacan fuerzas de donde sea para llevar a los más pequeños en brazos. Algunos llorando por haberlo conseguido, y otros dejando su último momento de energía antes de derrumbarse en los brazos de su compañero. Disparo con la cámara para buscar los mejores momentos, mientras a mi lado Paco me avisa de cuándo llega alguno de los nuestros. En cuanto llegan no podemos disimular una exclamación de alegría, y cuando nos enteramos de que Jesús Luna se ha tenido que retirar, sentimos el mismo pesar como si nos hubiera pasado a nosotros. Porque una maratón no son solo los corredores, somos todos los que hemos tenido algo que ver en esa aglomeración. Y celebramos cuando llega el primero y cuando llega el último, sufrimos con el que se desmaya a 20 metros de la llegada y apoyamos entre aplausos a los médicos que le ayudan a llegar a la meta. Nunca se me va el nudo de la garganta carrera tras carrera, cuando esas imágenes pasan delante de mis ojos. La mirada de orgullo en los niños, el público animando a toda esa gente que no conoce, los participantes de las categorías de más edad demostrando que los años son solo un número, corredores que dedican los 42 kilómetros a alguien que ya no está, los desvanecimientos y los reencuentros. Pero todo lo bueno acaba, y tras una ducha queda la satisfacción y una leve cojera. Esta vez el esfuerzo y la recompensa fueron más allá, y volvieron a Huesca tres trofeos: de Marta Cortés, Francisco Coronas y Jesús Bosque. Pero con premio o sin él, todos y cada uno de los participantes se merecen su reconocimiento por ser unos campeones. Y conviviendo con el grupo me doy cuenta de que para cada componente el premio más valorado es la pertenencia a este colectivo llamado “Corredores Oscenses”. Es algo más que la consecución de un buen puesto o una gran marca que cuando se alcanzan, todos tienen asumido que el éxito de la individualidad nace y se forma dentro del grupo, porque fuera de este parece que nada tenga sentido. Y en este punto compruebo el reconocimiento que se hace de los corredores que hubieron de quedarse en Huesca en esta ocasión, ya que se les tiene igualmente por cómplices de la suerte del grupo. Por todo lo expresado anteriormente, me permito la libertad de decir que todos los seguidores de la maratón, corredores o no, formamos parte de este colectivo. Y como el ser humano se caracteriza por la necesidad de pertenecer a un grupo, hay pocas cosas que me enorgullezcan tanto como ser una integrante más de “Corredores Oscenses”

Y si ademas el grupo consigue una nueva y excepcional marca de 2:48 en las zancadas de Jorge poco mas se puede pedir.

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